Lukaku lleva a Bélgica a cuartos de final

Su salida en el 92′ fue providencial. Inició el 1-0 de De Bruyne en la prórroga y marcó el 2-0. Green acortó en el 110′ y EEUU perdonó la igualada. Argentina espera a los de Wilmots.

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Bélgica tuvo que hacerse gigante para dejar en la cuneta a una EEUU de la que todo el país se sentirá orgullosa. Hoy todos saben allí lo que es el soccer y buena parte de culpa la tienen jugadores como los que ayer sudaron hasta el último instante en busca de un sueño. Con un Howard colosal y un orgullo extraordinario, Bélgica no resolvió su cruce hasta que el árbitro puso fin a una batalla épica en la prórroga.

El correcalles fue de entrada la arriesgada táctica con la que Klinsmann quiso derrotar a Bélgica. Arriesgada porque dejaba pasarelas por las que podían penetrar los talentosos jugadores belgas, pero también lógica porque con el calor y la humedad un encuentro de alta exigencia física a la larga le favorecía. El duelo fue trepidante. A cada salto de Bélgica le siguió uno con más impulso de EE UU. Sin tiempo de ajustarse los tacos, Origi se cruzó con Howard en un arranque de velocidad de este de fenómeno de la naturaleza, hijo de keniano con lo que ello conlleva.

Los estadounidenses aceptaron la apuesta inicial y convirtieron cada ataque en un envite mayor. Estuvo inteligente para ello Klinsmann, que envió a los laterales a la aventura en cada una de las acciones ofensivas de las que dispuso. Una forma efectiva de defender a los buenos jugadores de banda, caso de Hazard y Mertens, es poniéndoles enfrente laterales que les exijan en defensa. El partido iba a ser largo y cada transición suponía un desgaste. EE UU llegaba en estampida, bien con Bradley pisando área, bien con Jones arrollando a todo el que se le pusiera por delante.

De Bruyne pudo en marcar pleno intercambio de golpes, aprovechando el vacío de poder que quedaba después de cada puñetazo sobre la mesa de cualquiera de los dos equipos. A Courtois también se le vio. El portero belga tuvo que levantar la voz con la autoridad de Charles de Gaulle, con quien por cierto tiene un parecido asombroso, para disipar las avalanchas rivales cada vez que se producían. Aquello eran manadas de búfalos despavoridas. Ese descontrol, ese tumulto, es lo que buscaba Klinsmann. Pero desapareció.

Bélgica fue domando el partido y lo convirtió en algo mucho más armónico, sobre todo después del descanso. Surgió De Bruyne, Fellaini dio presencia yWitsel consistencia. Empezó a carburar el conjunto belga como no lo había hecho seguramente en todo el Mundial. Origi se desenvolvió de maravilla en parcelas acotadas, lo que hace más interesante su repertorio. Las ocasiones llegaron, sobre todo en un cabezazo del propio delantero del Lille que se fue al travesaño.

A EE UU el motor le pedía revoluciones, pero no tenía terreno para arrancar. Quizá tampoco más fuerzas. Bélgica se fue haciendo grande, con personalidad, con más ocasiones en los pies de Origi y en un mano a mano muy claro salvado por Howard. El portero volvió a aparecer poco después con su aire de rapero en untiro envenenado de Hazard. Incluso en un guante sacado con despecho ante Origi, de nuevo. Aquello era un muro en la portería, una verja de seguridad electrificada y punzante. La única manera de atravesarla era la prórroga.

El tiempo extra comenzó como una continuación de lo anterior, aunque con Lukaku por Origi. Esa sutil diferencia hizo que en el primer acercamiento belga por fin llegara el gol. Es curioso. En 30 tiros durante el tiempo reglamentario no pudo marcar Bélgica, pero en el primero en la prórroga sí.Lukaku peleó una pelota en la derecha con el ímpetu de quien acaba de salir y De Bruyne se encargó del resto con su cara pecosa de chico travieso. El delantero de origen congoleño, hambriento por su suplencia, atacó poco después un pase de De Bruyne para hacer el segundo. Se intercambiaron los cromos y lograron una ventaja que parecía terminar con el gran sueño americano. Pero nada de eso.

Porque EE UU nunca baja los brazos y tampoco lo hizo esta vez. El recién salido Green atravesó la defensa por el pasillo central para comprimir un duelo que todos daban por resuelto. Y no sólo eso. Jones y sobre todo Dempsey pudieron empatar poco después en una prórroga de locos, muy acorde con lo que está siendo este Mundial. Courtois, siempre de guardia, lo evitó para clasificar a su equipo y poner fin a una aventura inolvidable de los norteamericanos.

 

 

 

 

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